Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Cruz Azul festeja empates

2019-08-25 | Felipe Morales
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Cruz Azul festejó un empate contra el Puebla, en el Estadio Azteca. Como el futbol es todo menos previsible, La Franja, incluso, pudo haber ganado el partido. Pero Jesús Corona tuvo otra opinión desde su lance, cuando en el último vapor del partido le atajó un penal a Lucas Cavallini. No. La pelota no es predecible. El envío del canadiense sí. 

Lucas tomó la pelota, desde la convicción; pateó con la izquierda, a media altura. Fue un monumento al pronóstico. ‘Cobrador zurdo bajo presión, la cruzará’, dicen los libros. La dirección del tiro lo sabía Chuy. Lo sabía el Azteca. Lo sabían todos. Menos él. 

Antes, los celestes se habían adelantado desde la probabilidad del intento. El gol fue consecuencia de la inercia. Otra vez, los de La Noria se abrazaron a la insistencia, que no es lo mismo que a la inspiración. Trabajó horas extras el partido. Y lo consumó con una anotación de pico y pala.

Elias Hernández le metió toda la agujeta a una pelota desviada por la defensa poblana; el balón le insinuó una volea. Y Hernández lo supo desde el pensamiento y lo confirmó en la ejecución. Así, aterrizó aquel globo aerostático que flotaba en el área chica con vientos de red. 

Pero pasó que Cruz Azul piloteó el partido; lejos de abalanzarse con voracidad, aminoró la intensidad. Tenía la mirada en la jornada doble ante Xolos y Chivas. Y cuando más preocupado estaba por su futuro, no había resuelto ni su presente.

Pedro Caixinha hizo de su ‘10’ Paul Fernández un contención, incrustado incluso como central. Si pretendía salida limpia, solo ensució las capacidades de un creativo abandonado en una isla.

Y de esa forma, el Puebla entendió que La Máquina se había instalado en la zona de confort con acentos de relajación. Christian Tabó filtró una pelota entre los centrales, que de media vuelta resolvió Omar Fernández. Fue revisada, solo para apreciar los costos de la confianza y su exageración. Gol. Milimétrico. Pero gol.

Luego, en el último minuto, vino aquella barrida a destiempo de Pablo Aguilar. Penal. Chuy lo repelió con aquellos guantes magnetizados que dan puntos. O un punto. Y se lo dedicó a su central. 

De esa forma, la afición de La Máquina rugió, se quitó las playeras, se mojó con la lluvia de la satisfacción, apretó los puños, sonrió, dio gracias al cielo. Después, se dio cuenta que estaba celebrando un empate. En casa. Ante el Puebla...