Opinión

Christian Martinoli

Uno de los mejores cronistas deportivos en México, trabaja para TV Azteca y ha colaborado con RÉCORD desde 2010.

D10S de la tempestad (P2)

2020-11-27 | CHRISTIAN MARTINOLI
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La anodina SSC Napoli compró a Diego Armando Maradona por una cifra récord y lo presentó como el hijo que la inmigración se llevó a tierras lejanas. El Estadio San Paolo repleto rugió como nunca antes lo había hecho. Diego era el dueño de sus almas sin siquiera tocar todavía una pelota.

Lo que pasó ahí durante siete años fue una historia de pasión, odio, locura, traición, orgullo, identidad, triunfos, gloria, desencanto, destierro, tristeza y nostalgia sin límites ni parámetros.

La zurda del 10 hizo que el empobrecido sur tuviera, por lo menos escudado en el futbol, un motivo suficiente para derrotar al ostentoso y flemático norte italiano. Además, los triunfos del cuadro celeste llegaron en la mejor época de la Serie A, cuando los equipos de la Península dominaban gran parte de Europa. Maradona podía no entrenar, ser amigo de 'La Camorra' (la mafia local), evadir impuestos, enfiestarse diario y criticar al Vaticano, que a los napolitanos no les importaba nada, lo amaban y lo siguen amando con desenfreno.

Pero para el 'Pelusa' nunca hubo nada más importante que jugar con su selección, no importaba la distancia, la instancia o sus condiciones físicas, siempre estuvo ahí para defender a la Albiceleste. Desde la frustración de España 82; siguiendo por la apoteósica actuación y consagración en México 86; pasando por la sufrida e increíble historia de Italia 90; cerrando con el esperanzador y a la vez tortuoso desenlace en Estados Unidos 94, el Mundial de "Me cortaron las piernas". Maradona vivió de todo con su querida camiseta.

El maltrato que le provocó a su cuerpo lo puso de cara a la muerte en un par de ocasiones. "Si no fuera por Claudia (su exesposa) yo estaría en el cajón. Las droga te mata. Te aniquila", comentó en 1996.

Cinco años después se despidió de su gente y con sus amigos en la cancha de Boca, con lágrimas en los ojos agradeció el cariño y acuñó una cita memorable: "Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha".

Películas, documentales, más de 100 libros se han escrito sobre él. Para saber lo que era Maradona como jugador podríamos resumirlo diciendo que para muchos es el único que podría poner en entredicho el reinado de Pelé.

En el 2000 afirmó: "Hasta ahora he vivido 40 años, pero que valen por 70. Realmente me sucedió de todo. De un golpe salí de Fiorito y fui a parar a la cima del universo y allí me las tuve que arreglar yo solo".

Se peleó con todos y se amigó con todos. Fue un huracán de emociones, un ave de tempestades, un hombre que lucha todos los días contra su enfermedad, un tipo sin filtro que dijo las cosas que pensaba, aunque pareciera que no pensaba mucho lo que dijo. Un genio de la pelota al que sus fieles le construyeron un traje de todopoderoso y él se lo creyó. Un jugador de trampa y magia, capaz de meter "La mano de Dios" y cuatro minutos después hacer

"El gol del siglo". Un pecador como cualquier otro, un defensor de los pobres, un ofensor de los ricos, un hombre directo, exótico, excéntrico, leal, impulsivo, engreído, agresivo y amoroso; un idealista, un incendiario, un revolucionario, un comunista de Ferrari y Rolex, un incongruente, un sujeto real y a la vez un personaje ficticio. Un padre que ama a sus hijas pero que ha negado a sus hijos. Alguien con muchos defectos y varias virtudes. Para millones fue un monstruo como jugador y para otros tantos es una monstruosa persona. Al final de cuentas, en el papel, simplemente fue un ser humano, pero que a diferencia de los demás le hicieron una "Iglesia" y le dicen D10S. Ámalo u ódialo porque así fue Diego Armando Maradona.

"Yo soy, o blanco, o negro, gris no voy a ser en mi vida", palabra de D10S.

Texto publicado el 29 de octubre de 2014.

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