Opinión

Christian Martinoli

Uno de los mejores cronistas deportivos en México, trabaja para TV Azteca y ha colaborado con RÉCORD desde 2010.

¿Y ahora?

2022-03-31 | CHRISTIAN MARTINOLI
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México, sin luces, obtuvo su lugar para el Mundial de Qatar. Fue como segundo del grupo, con dos derrotas muy significativas y con jugadores de enorme jerarquía, la mayoría de ellos, alejados de su verdadero nivel.

Entiendo que criticar a los ídolos contemporáneos de la mayoría es una ofensa hacia el fan y la prensa amiga; sin embargo, nadie puede esconder, ni con estadísticas dirigidas hacia lo positivo, la realidad de lo que pasa en el trámite de los juegos, así como la trascendencia de cada uno de los implicados.

Claro está que ante mejor categoría técnica, mayor grado de competencia y club o rango elevado en la escala de valores tácticos de un elemento que juega fuera de la Liga MX contra uno de cabotaje, la exigencia siempre será acorde con los condicionantes, aptitudes, potencial y experiencia de los susodichos.

Las loas y las críticas para los futbolistas de mayor clase son superiores, no sólo en México, en cualquier lado. El grado de exigencia y de injerencia en el juego siempre debe ser superlativo y, penosamente, durante el Octagonal muy pocos de las llamadas "vacas sagradas" o "caciques" del plantel estuvieron a la altura.

Edson Álvarez, por mucho, es el futbolista más cercano a su nivel, tanto en Ajax como con Selección, y eso que acá vive al borde de la expulsión, al tener que recorrer demasiados metros defensivos, tratando de tapar los huecos que dejan sus compañeros del mediocampo al no tener dinámica. Álvarez mete, pide, lucha, busca ser pase de salida, recorre y salta líneas, busca hacer coberturas y se juega la vida en cada pelota, varias veces rebasado por las circunstancias hasta de forma ilegal.

Sin duda, trata de darle en lo posible el balance central a un equipo que suele terminar roto cuando los agarran en velocidad.

El otro es el interminable Ochoa, arquero que en América vive horas bajas y da pocas soluciones, pero que encuentra en el Tricolor el impulso suficiente para seguir siendo determinante en algunos encuentros, con todo y sus defectos históricos de pelotas por elevación, mismas que opaca cuando debajo de travesaño empieza a extender los tentáculos.

Lo demás son chispazos escuetos, esfuerzos individuales, arranques a la nada de un equipo que no se acomoda al sistema y que carece en presencia, sobre todo en fondo, no tanto en amplitud, de una escuadra repleta de presentaciones con esfuerzo e ímpetu, pero dinámica inteligente.

De delanteros, sin comodidad en su juego y mucho menos con presencia de área, y de jugadores otrora electrizantes en ataque que chocan con paredes o diluyen su magia de manera alarmante.

Martino es gran responsable de que este equipo hoy no tenga mucha forma y que en menos de ochos meses del Mundial no se sepa para dónde irá. Desde afuera muchos quisieran que, como le pasó a Bora rumbo a Francia, Martino quede fuera tras clasificar a México, dicho sea de paso ningún logro rutilante.

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