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Opinión

Jose Luis Caballero Leal

Aquí encontrará un análisis crítico y actual sobre los principales acontecimientos políticos y sociales de México y el mundo desde la óptica de un ciudadano

¡Si Madero viviera!

2018-03-11 | José Luis Caballero
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Sé perfectamente bien por quién no votaré en las elecciones del próximo 1 de julio, lo cual, por igual, se extenderá a todas las demás fórmulas de elección que, en esa misma ocasión, aparecerán en las boletas electorales. Pero también sé que, a la fecha, no tengo la más remota idea de a quién de los restantes candidatos, por quienes por igual no siento la menor simpatía, habré de otorgarle mi voto, hoy más orientado a simplemente ser “útil”, que por convicción o creencia a las plataformas, programas de gobierno o centenares de promesas de cambio de los candidatos, aunque las firmen ante Notario. Votaré, eso sí, porque no quiero perder la oportunidad de participar en la toma de una decisión fundamental que cambie el rumbo de este país, destrozado sistemáticamente por un partido que celebró 89 años de haberse constituido con propuestas de cambio, de justicia social, de igualdad de oportunidades para todos los mexicanos, y que pronto, muy pronto, abandonó esas causas fundamentales que sustentaron su ideario político.

Como muchos, he visto docenas de entrevistas que, en su momento, cuando eran candidatos a la presidencia de sus respectivos países, les hicieron a Chávez, a Maduro, a Ortega y a Evo Morales, entre otros. Todos, sin excepción, juraron y perjuraron que no habría privatizaciones, controles ni fijación de precios de garantía, intervención en la banca nacional, afectación a la propiedad privada, uso de la fuerza militar para reprimir a la población civil, y, en especial, que no buscarían la reelección. Una vez en la presidencia, todos los mencionados han hecho exactamente lo opuesto. Si Chávez viviera, seguiría siendo presidente de Venezuela, como Maduro lo será de forma indefinida. Ortega, no sólo se reeligió, sino que colocó a su mujer como vicepresidenta de Nicaragua, y Evo, a pesar del resultado apabullante en contra de su reelección en el referéndum que practicó en Bolivia, va exactamente en la misma dirección que los antes mencionados.

¿Por qué menciono lo anterior? Porque durante la semana que hoy concluye, el mesías tropical, a quien todas las empresas encuestadoras (hoy ya no calificadas como “cuchareadas”) le reconocen una amplísima ventaja en contra de los actuales candidatos, y que se agrandará aún más cuando el descafeinado INE avale las 3 candidaturas independientes restantes, declaró que, aunque le parecía muy tentadora la posibilidad, no buscaría reelegirse como presidente de la república (en el hipotético caso de que ello pasara). Mientras ello sucedía, Fernández Noroña, uno de sus principales allegados, le rendía pleitesía a Maduro en Venezuela, y la líder del partido de su propiedad, Yeidckol Polevsky (de bautismal nombre Citlali Ibáñez Camacho) ha expresado reiterada y públicamente su admiración por el régimen venezolano, mientras que el mesías tropical, jamás ha condenado las atrocidades que se viven en ese país y los demás del mismo bloque de “izquierdas progresistas”.

La historia reciente nos ha enseñado que los políticos ni a su madre respetan cuando se trata de obtener o mantenerse en el poder haciendo exactamente lo opuesto a lo prometido. No quiero que mi país se sume al eje bolivariano, que sólo desgracia, muerte y miseria ha traído a los habitantes de los países que lo conforman. Si Francisco I. Madero viviera, moriría súbitamente, pero esta vez no asesinado por los traidores, sino por la depresión que le causaría la “tentación reeleccionista” expresada, contraria a los ideales del Manifiesto a la Nación de 1910.