Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

El JC Osorio de siempre

2020-06-01 | Felipe Morales
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Juan Carlos Osorio le pedía al mesero más vino blanco. “Si llegamos a 20 personas, empiezo a cobrar”, decía el extrovertidamente irreconocible técnico nacional…

Eran alrededor de las 6 de la tarde del 12 de mayo de 2018, cuando el colombiano se desprendió de sus ropas y de las poses. Terminado el evento de SoccerEx, que se realizó en la Ciudad de México a mediados de ese mes, Osorio se convirtió en un charlista exquisito, que se quitaba el saco para después aventarlo, mientras que se remangaba la camisa y hablaba con la seguridad de un químico formulando una poción. Lo hacía con una pasión radiante, convincentemente entregada. Osorio no era Osorio.

Era como el hermano efusivo de aquel parsimonioso y cadencioso cafetalero que hipnotiza y encanta a las serpientes con sus elaborados dichos conceptualmente rimbombantes para explicar que el arquero usa guantes. Pero no sabía lo que el destino le tendría preparado. Escuché al ‘Profe’ lanzar al aire preguntas como: “¿Qué es compromiso?”, mientras veía fijamente su reloj, en expresión inequívoca de la realización de un examen sorpresa a los presentes.“¡Tienen un minuto, piensen, piensen!”, instruía como si estuviera en un entrenamiento con conos…

Unos contestaban aleatoriamente: “Responsabilidad”, otros: “fidelidad”. “¡Eso es!, ¡eso es!”, afirmaba alegrado, mientras sujetaba de la cabeza a uno de los ‘alumnos’.  De pronto aquello era un festival de risas, gritos y aplausos.

Cada vez había más gente. Yo iba caminando por ahí y me incluí en el grupo; era como cuando en un mercado se arremolinan las personas para ver un truco de cartas… Osorio, despavorido, volvía a hacer la cuenta. “Uno, dos, tres (risas). Pongan la plata ya saben que si llegamos a 20 empiezo a cobrar esta charla”. Lo decía porque se sabía escuchado. Todos volvían a reír, ante el maestro de ceremonias.
Yo lo observaba. “Nada de cámaras”, advertía, cuando amagué con sacar mi teléfono celular.

Así arrancó con su monólogo sobre el compromiso: “Yo estoy aquí (en Selección Mexicana) por la gloria, no por la plata. Eso me lo preguntó una vez Ferguson y eso le contesté”, presumía, mientras contaba su amistad cercana con el boxeador mexicano Christian Mijares, quien interrumpía la charla con mensajes privados de WhatsApp. “Una vez me lo encontré en una avión, tenemos una buena relación”, acotaba.
El lenguaje cauto y sereno estilado en las conferencias de prensa se había canjeado por gesticulaciones, manotazos, señas.  Era una pirotécnica puesta en escena con relucientes ademanes en forma de dichos y fuegos artificiales. Una fiesta.

Después bajó un poco la voz con un discurso sobre las familias que deben despertarse a las 5 de la mañana para llevar el pan a la mesa, al tiempo que contaba que él también combina sus mañanas con café, pero sin periódicos, porque, relata, vive alejado de la prensa

 “Yo pongo videos de Youtube, porque ahí se ve todo lo que uno quiera, hace poco vi el Valencia del 98 dirigido por Ranieri, que le hizo partido al Barcelona con el Piojo López. Es el mismo técnico del Leicester City y nada ha cambiado”.

Los ojos le explotan. El color de la piel se enrojece. Escupe sin saberlo ni quererlo, con la vena remarcada en el cuello. Para ese entonces, las palabras del técnico nacional tenían eco. Ya éramos casi 20 personas. 

Santiago Baños lo esperaba, como quien espera a sus hijos mientras juegan ‘gol gana’.  A lo lejos se le veía desesperado al director de selecciones nacionales. “No lo paras”, decía, entre dientes. 
Osorio redondeaba la charla, porque antes que todo es un aficionado a la pelota y tenía una cita con la Liguilla, en el duelo de Ida de los Cuartos de Final. “Quiero llegar a ver el juego de Chivas vs. América”.
Después atendió a un empresario colombiano en privado. “Venga para acá, me lo que me dijo me interesa”. Y así se apartó y se fue. 

No se sabe si Juan Carlos Osorio cambia su personalidad cuando habla en el vestidor de la Selección Mexicana, pero sí se conoce que no lo hacía con tal desgarbo ante los micrófonos, hasta que hace unos días empezó a hablar ‘portuñol’ disparándole al jugador mexicano en el corazón.

“Cuando enfrentamos a Brasil yo reuní a todos mis jugadores y les pregunté si estábamos preparados para jugar contra Brasil y la respuesta fue silencio. Yo respondí: yo estoy preparado porque llevo 30 años trabajando para jugar contra los mejores”.

Ese es el ‘Otro Osorio'. O el de siempre, el que se aligera algunos vinos de más.