Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

El cielo es más azul

2019-10-07 | Felipe Morales
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Si el gol es el orgasmo del futbol, como sostenía Eduardo Galeano, el Cruz Azul vs. América fue aquella exaltación de la emoción. 

Por primera vez en la historia, La Máquina le anotó cinco goles a las Águilas. 

Mucho porque las heridas celestes siguen siendo lamidas y fueron vengadas a fuerza de anotaciones o porque los azulcrema fueron un catalogo de opciones en un partido jugado ciclónicamente desde la voluntades ofensivas y las desatenciones defensivas. 

Así, en el primer vapor del partido, Julio César Domínguez hizo el primero en las barbas de Guillermo Ochoa; si hay un temblor, el travesaño se le caería a Memo, que no gobernó el aire y permitió el cabezazo rematado por el ‘Cata’ en el centro de su área chica. Normal.

Pero Guido Rodríguez fue una bazuca en forma de pierna derecha que detonó con un disparo lejano el marco de un Jesús Corona vulnerado. Fue un gol kilométrico disparado con la confianza. 

Luego, Henry Martín fue un tractor con piernas que enterró a Pablo Aguilar en el cuerpo a cuerpo; cuando giró, Henry disparó con el puño apretado y el Azteca de aliado. 

Se sabía que cuando el América recibía un gol de Cruz Azul se crecía y que cuando la Máquina permitía un tanto, se achicaba. Estaba en los libros. Pero todo estaría por escribirse con otra tinta. 

El paraguayo Aguilar le cabeceó a un paralizado Ochoa, otra vez en el area chica: gol. Fórmula patentada. La Máquina igualaba desde la astucia. Toda pelota por arriba en los cinco metros periféricos al arco, moverían la red, porque Memo en los aires solo ve llover.

Tensada la trama, apareció desde la improbabilidad, Roberto Alvarado; el ‘Piojo’ remató con la cabeza otra pelota proveniente desde la lejanía; solo debió meterle la cabeza ante un Ochoa atornillado en su raya. 

El América, con nueve hombres, había sido desconfigurado. Orbelín Pineda amagó a la derecha y salió cabalgando a la izquierda y definió de zurda; después, Jonathan Rodríguez recibió una asistencia de un impronunciable Carlos Vargas; luego, el ‘Cabecita’ amagó hacia afuera y la picó de derecha. 

El cuarto y el quinto confirmaron una danza celeste con ritmos de goleada inesperada. En 144 partidos entre estos equipos, se han marcado 399 anotaciones con un promedio de 2.77 tantos por partido, que confirman a esta rivalidad como la más explosiva de todas.

Si este clásico es todo menos joven, entonces no es menos cierto que hoy el cielo es más azul...