Opinión

David Faitelson

David Faitelson es dueño de un estilo duro, pero frontal al momento de dar opiniones, que incluso le han traído choques con algunas figuras.

La nobleza...

2020-01-28 | David Faitelson
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Ni los puntos ni los campeonatos ni las comparecencias a los juegos de estrellas ni las medallas olímpicas. A él habrá que medirlo siempre por la nobleza de su corazón. Y esa es la única explicación válida para todas las repercusiones que hemos vivido en las últimas horas después de una terrible tragedia. Kobe, el noble...

La imperfección terminó haciendo de Kobe Bryant un personaje casi perfecto, pero hubo siempre algo que marcó distancias con respecto a los demás, tanto en la duela, cuando atacaba el aro, como en la vida, cuando se correlacionaba con los demás: la nobleza.

La sonrisa abierta y la capacidad de entender los problemas de las personas que le rodearon generaron en él una 'súper estrella' diferente. Esa es la única explicación coherente que encuentro para la clase de reacciones y de sensaciones que se han generado a partir del trágico suceso del domingo por la mañana, que son también una clara muestra de quién fue, quién es y quién será Kobe Bryant.

No es el mejor jugador de basquetbol de su generación porque en ella aparece un justificadamente divinizado Michael Jordan, y mas allá de las duelas, su vida privada se vio 'manchada' tras un incidente a comienzos de este siglo, donde una mujer lo acusaba de abuso sexual, acusación de la que se dijo inocente, pero que resolvió con un acuerdo fuera de los tribunales. 'Perfecto' no era Kobe y ello lo hacía, sin duda, más persona, más humano...

No le gustaba la comparación directa con Jordan, a pesar de que sus números, sus actuaciones y los triunfos de un equipo como Lakers parecían colocarlo en un nivel cercano. Siempre dijo que sentía respeto por el numero '23' de los Chicago Bulls y él entendió cuál debía ser su papel en la transición hacia nuevos jugadores. “Ser el mejor es relativo”, le dijo años atrás a Los Angeles Times. “En lo que debes estar enfocado es en siempre dar tu máximo esfuerzo”.

La escalada de LeBron a los niveles de 'súper estrella' en la última época, su arribo a Los Angeles para tomar, en apariencia, el puesto que le correspondía a él, fue tomado por Kobe con una sonrisa. Bryant, enseguida, recordó que LeBron era como un 'hermano' y que esperaba que pronto le devolviera a los aficionados de Los Angeles la grandeza de la NBA.

Creo que en él había una capacidad y una preparación diferente al jugador promedio de la NBA, quizá se deba a la formación que tuvo en su niñez en Italia mientras su padre jugaba al baloncesto. Ello le dio la preciada ocasión de 'conocer' el mundo, de abrirse a nuevas culturas, pensamientos y aprender lenguas. Entendió que había un mundo más allá de los Estados Unidos, de la NBA. Apreció otros deportes, dimensionó a más atletas y se dio tiempo, volviendo a las duelas, para ganar un par de medallas de oro en los Juegos Olímpicos que le dieron otra dimensión a su trayectoria.

Kobe era una muestra de la alegría por la vivir y ello lo ejemplificaba a través del trato que tenía con sus colegas, con los aficionados y hasta con los periodistas. La forma en la que ordenó su vida tras un retiro de casi 20 años en la Liga, siempre con sus Lakers, era el claro ejemplo de que seguía siendo un personaje especial, luego de sus memorables días de atleta en activo.

Su inspiración fue la inspiración de muchos en el mundo. Las reacciones a su fallecimiento han sorprendido por su dimensión, por el dolor que ha generado la tragedia y las muestras de reciprocidad y amor que han llegado desde todos los rincones del mundo.  

Apenas 41 años de vida (una vida rápida, corta, fugaz) han servido para darnos cuenta del verdadero significado de una leyenda del deporte. Y puede que Kobe haya sido igual o mejor que otros que han alcanzado esos niveles de trascendencia deportiva, pero a él lo hizo diferente algo que se refugiaba siempre en su interior y que exteriorizaba detrás de esa sonrisa galopante y su semblante tímido: la nobleza.