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Opinión

Christian Martinoli

Uno de los mejores cronistas deportivos en México, trabaja para TV Azteca y ha colaborado con RÉCORD desde 2010.

En busca de Napoleón

2018-01-12 | Christian Martinoli
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Jérémy Ménez otro de los tantos ‘niños’ rebeldes que el futbol francés entrega al mundo del balón, llegó a México luego de fracasar en Turquía y casualmente fue recibido en la capital del país al más puro estilo turco, sobre todo como lo hacen los aficionados de los tres grandes clubes de Estambul que desbordados en pasión conmocionan cada vez que pueden parte del aeropuerto Ataturk cuando un nuevo elemento se presenta por tierras otomanas.

Muchos de los que fueron el martes a recibirlo como héroe salvador de un equipo carente de personalidad, media hora antes quizá no sabían ni quién era, ni dónde ni cómo juega, sin embargo fueron acarreados a la más pura usanza política mexica, para vitorear a su nuevo ‘ídolo’ y de paso justificar con plenitud la contratación ‘bomba’ que la maltratada dirigencia de Coapa realizó en su plan “Recuperemos trascendencia ante el poder regio”.

Ménez es el menos culpable de semejante acto circense montado en el Benito Juárez disfrazado de éxtasis y pasión desbordada por los colores azulcrema.

El francés ha jugado en clubes de alto calibre, ha pisado todas las instancias de selecciones nacionales galas y su juego, cuando está libre de polvo y paja, luce enigmático y poderoso.

El asunto es que las últimas estadísticas arrastran sólo siete goles marcados desde el 2015. Está claro que para un mediocampista con llegada y disparo fácil suena a escueta su performance.

Nacido en los duros suburbios parisinos donde los edificios estilo Haussmann desaparecen tras el conflicto Périphérique que resguarda el glamour y las máximas joyas arquitectónicas de la Ciudad Luz.

Ménez cultivó su rebeldía y su duende con el balón que lo llevó a vestir camisetas importantes como las del Mónaco, PSG y Milan, donde tuvo tintes decorativos atractivos que lo podrían haber catapultado al estrellato
europeo de segunda línea sólo por debajo de los genios del balón.

Pero Ménez depende del cuidado de su equipo y que su mente viva libre, motivada, es ahí cuando el artista da sus mejores obras. Capaz de generar actuaciones rutilantes, pero también de entregar participaciones desganadas y esquivas.

Contrataron un rockstar, esos que hace rato escaseaban por los rumbos del estadio Azteca, un jugador que por ende camina por la cornisa del lirismo y la apatía, con todo lo que eso implica para bien o para mal.

América busca en Jérémy, clonar el efecto Gignac. Veremos si las armas restantes en el arsenal de su club acompañan al francés para montar luchas épicas o morir de nada en los campos de batalla del futbol nacional.