Opinión

Alfonso Morales

El Doctor comparte en RÉCORD toda la experiencia y conocimiento que lo hacen la gran autoridad en boxeo y lucha libre.

5 años sin el Perrito

2020-03-21 | Alfonso Morales
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En estos tiempos de pandemias, de cuidados extremos y de unión como seres humanos, recordaré a uno de los más grandes rudos que he tenido el privilegio de conocer, al Hijo del Perro Aguayo. 

SU PADRE, GRAN EJEMPLO
Basta con recordar al pequeño Pedrito, siempre haciendo ejercicio al lado de su padre, al que tuve el gusto de bautizar como el Can de Nochistlán, Pedro “el Perro Aguayo”. Su destino ya estaba escrito: ser luchador profesional. Veía el ejemplo de su papá, un hombre dedicado y entregado a su profesión. Siempre serio y respetuoso con su público, al cual nunca me tocó verlo negar un autógrafo o fotografía (de esas de rollo... eran otros tiempos). Hasta sus últimas luchas, don Pedro siempre fue entregado a su oficio, nunca subía a “hacer playback”, aunque el ajetreo de luchar diario lo cansaba, él de forma automática al subir al ring olvidaba las largas horas en camión para llegar a luchar ante su público.

ENORME RUDO
Pedrito al principio en AAA no prendía, era un luchador más, de esos que provocan reacciones en un limitado sector del público. El cambio, el gran giro en su carrera fue cuando entró al Consejo Mundial de Lucha Libre. Ahí en la Arena México se convirtió en un auténtico ídolo. Las luchas en contra de Místico acompañado de sus “Perros del Mal” eran auténticos llenos. La gente se volvía “loca de la emoción”, como diría esa canción del conjunto África.

INDEPENDIENTE
Creó su empresa Perros del Mal y ahí pudo explotar su mayor talento, la inteligencia. Fue un antes y después de la rudeza en los últimos años. Su manejo natural de emociones y mercadotecnia fue precursor del manejo de las empresas luchísticas. Tenía una oficina de contrataciones en la colonia Aroma, donde laboraban sus fieles escuderos Damián 666, Halloween, Mr. Águila y su compadre Héctor Garza. Las playeras se vendían como pan caliente, los carteles por todo el interior de la República mexicana eran una constante. Fue tan enorme el negocio que hasta formó un programa de sólo dos emisiones en el extinto Canal 4, en donde tuve el gusto de narrar junto a Leo Riaño y a Poncho Vera, bajo la producción de Memo González Jr. Fue una enorme épica donde Pedrito invirtió sus ganancias y hasta una constructora desarrolló. Era un tipo bueno para los negocios.

AAA
De la mano de la empresa que hace algunos años me indujo al Salón de la Fama, Pedrito terminó de explotar todo su talento al regresar a la empresa más importante de la lucha libre mexicana de la actualidad. Él ya era una estrella, pero con la Caravana Estelar terminó de escribir su carrera con letras de oro. Hoy recuerdo a Pedrito con nostalgia, pero también con mucho orgullo, ya que tuve el honor de conocerlo desde pequeño. Es una de esas estrellas únicas e irrepetibles. Desde aquí mi cariño y emoción para un muchacho que se nos adelantó en el camino, pero en los más de 30 años que estuvo en la tierra llenó de gloria la lucha libre. 

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